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El Dolor de Perder a una Pareja Inesperadamente

EL DOLOR DE PERDER UNA PAREJA INESPERADAMENTE:

María Dolores Paoli.

En estos momentos en que la vida nos ha sacudido con lo inesperado, donde en un parpadear de ojos la vida de muchas parejas cambió, enfrentándose a la incredulidad, a la negación de la pérdida por los acontecimientos vividos a partir del 11 de septiembre del 2001, se hace necesario entender el proceso del dolor y la pérdida de nuestro compañero o compañera de vida.

Cuando el dolor se manifiesta, la insistencia del temor y la molestia se magnifica por lo inesperado de la experiencia. Inicialmente se niega la posibilidad de lo que está ocurriendo y desesperadamente se quiere dejar de sentir la debilidad, la confusión, el dolor emocional, el temor de no saber qué hacer con lo que viene. El dolor de lo que se siente es como un extraño que se ha apoderado de nuestra mente y de nuestro corazón. Aun habiendo pensado en la muerte con anterioridad nunca se habría imaginado, planteado la posibilidad de anticipar la magnitud de la barbarie ocurrida, ni los sentimientos de shock, pérdida, abandono, impotencia, vulnerabilidad que los acontecimientos exacerbaron.

Si te encuentras en estos casos, permite ubicarte en la presencia de tu dolor para poder ir procesándolo porque el dolor no es algo estable sino un proceso de maestría en el sentir para producir un cambio en ti.

La primera reacción al dolor es la negación o anestesia sobre lo acontecido. “Esto no puede haber ocurrido”. “A lo mejor no estaba ahí”, “Tuvo oportunidad de salir a tiempo”. “Esto es una pesadilla”, “Esto no  puede estar pasando, es una película” “Esta no es mi vida”. Esta etapa se activa porque se teme que lo que se está sintiendo es mayor de lo que se puede manejar. La idea que prevalece en la mente es que la pareja aun está viva. Es una forma de poner distancia entre la experiencia y la persona. A la mente le cuesta procesar el impacto de lo inesperado, de ahí que se requiera oírlo una y otra vez para permitir que la mente integre las partes lenta y gradualmente. Aquí la negación cumple el efecto de minimizar la sensación de amenaza y de que la persona sienta que aun puede manejar la vida. Si no ha habido la prueba concreta, física de la muerte del ser querido es más difícil integrar la realidad de lo acontecido, de que la persona no regrese, por lo que es recomendable ver las imágenes de lo acontecido una y otra vez y con cada presentación plantearse interna y verbalmente la posibilidad de que la persona estaba ahí y que le fue muy difícil salir de las circunstancias. Permítete llorar, rezar, gritar o cualquier otra manifestación que sientas. Siente en tu corazón la comprensión, el nudo en la garganta, suelta lo que internamente no puedes contener, siente tu frustración, tu incredulidad, dilo en voz alta si eso te proporciona descarga o alivio, nadie te exigirá compostura ni te enjuiciará por lo que sientes. Tienes el derecho de sentir y expresar. Mientras más permiso te des de hablarlo, más rápido podrás integrarlo.

Para salir de esta etapa es recomendable nombrar tu dolor, admitir la ofensa de que la vida te quitó a tu pareja, explorar las consecuencias que van a presentarse sin ella.

La segunda etapa es la de la Búsqueda y Añoranza. En esta fase la psiquis te está protegiendo  a través de ubicar tu atención en la añoranza del pasado para no contactar con la desprotección del presente. Hay una parte de ti que comienza a buscar evidencias y otra que sigue añorando que las cosas no hubiesen cambiado. Buscas evidencia de que a lo mejor aun esté vivo, que se haya salvado, que lo hayan encontrado a tiempo, que esté en un hospital aun no identificado. En cuanto a la añoranza ésta es profunda y vacía, se concentra en las cosas agradables que aportaron a la relación, aparta la tristeza y el dolor que no se puede aun explorar y contener. Una forma que se manifiesta es a través de la percepción de la presencia invisible. Puedes de repente oler el perfumen de tu pareja, puedes sentir el peso de la mano de tu pareja sobre tus hombros, pasos en el dormitorio. Es el fantasmeo, la sensación de la continua presencia de la persona que se ha perdido. Los pensamientos que se activan en esta etapa son: “Si sólo  lo hubiese retrasado esa mañana” “Daría cualquier cosa para que fuese como era antes” “¿Dónde está mi vida?” “¿Por qué no quise hacer el amor más frecuente con él?”  “¿Por qué peleé por cosas tan sin sentido” “No supe disfrutarlo o disfrutarla lo suficiente”.

En esta etapa es recomendable, debido a que tanto para el que se fue como para el que se quedó hubo el elemento sorpresa,  hablar con la persona que ha partido. Es muy probable que los últimos pensamientos de la persona antes de morirse hayan sido alrededor de los afectos que deja, la pareja, los hijos, los vínculos afectivos. De manera que la persona que quedó con vida debe de hablarle a la esencia que animaba ese cuerpo. Expresarle su sentir, su amor pero por encima de ello, guiarlo como alma hacia la luz  a que comprenda que el cuerpo ha dejado, que ya no tiene vehículo físico para expresarse, pues inicialmente puede haber estado confundido por lo inesperado del impacto y vivo aun se puede creer. No lo perturbes con peticiones pues sólo se debe de ayudar a que vaya hacia la luz. Dile siempre que vaya hacia la luz más brillante, que seres amorosos lo están esperando para asistirlo y ayudarlo avanzar.

Si deseas hacer junto conmigo el ejercicio te puedo guiar en tu conversación y visualización.

Siéntate en una posición cómoda, cierra tus ojos, toma 3 respiraciones lentas y profundas. Concéntrate en el aire que inhalas y en el que exhalas. Pon atención a tu respiración y deja que la música  te envuelva.  Si tus lágrimas afloran, deja que tus lágrimas bañen tu cara, no las reprimas. Con tu próxima respiración envuélvete en una cúpula de luz blanca brillante que te cubre desde la cabeza a  los pies. Extiende esa luz hasta un brazo de distancia de tu cuerpo, siéntate a gusto dentro de ella. Siente su energía y con  tu próxima respiración invoca a tus guías protectores, a tu ángel de la guarda o a cualquier figura de acuerdo a tu creencia que te inspire protección. Proyecta en tu pantalla mental fuera de tu cúpula a tu pareja. Si comienzas a sentir sensaciones de palpitaciones, sudoración, tristeza, llanto, simplemente respíralo, no lo evades. No sientas temor, estás asistida o asistido. Ubica la figura del cuerpo de tu pareja, su silueta, y como si fuese un pizarrón ve rellenando  con luz cualquier parte de su cuerpo que pueda presentarse incompleta, un brazo, una pierna, la cara, el tronco, lo que tú percibas. No temas que él o ella no está sintiendo el cuerpo. Ubícalo y ve diciéndole: “Ve hacia la luz más brillante. No te detengas en ningún sitio. Estás en otro plano de expresión ya no tienes tu cuerpo físico al que estabas acostumbrado. Siéntete más liviano. No temas. Ve hacia tu derecha, ubica una molécula de luz, extiende tu mano y encontrarás a un ser de luz que te está esperando, que extiende su mano, siente el peso de su mano en la tuya. Si no sabes qué hacer déjate abrazar por este ser luminoso que te ayudará a ir hacia la luz. Si te encuentras paralizado, déjate cargar y entrégate a la luz. Seres amorosos están contigo y te esperan para asistirte y ayudarte, fortalecerte para que saques la esencia de tu aprendizaje en esta vida. Ve imaginando un vórtice de energía, un remolino de luz que se activa en el sitio del acontecimiento y ayuda a elevar junto con tu pareja a todas las otras personas que igualmente quedaron atrapadas. Dale velocidad y luminosidad a ese vórtice y déjate envolver, sustentar, aupar por ese vórtice de luz. No te aferres a lo que dejas, a tus seres queridos, sino a la luz. Ve hacia ella que a medida que te acercas se te hará más visible, grande y te sentirás mejor.”

Con tu próxima respiración, ve despidiéndote de esa persona, agradécele por haber estado en tu vida, por lo que te aportó, por lo que te enseñó y síguelo llevando hacia la luz. Cuando veas ya un puntico de luz y lo sientas en la lejanía, ve regresando al aquí y al ahora, a contactar tu respiración. Siéntete en paz, que de esta manera estás ayudando de la mejor forma  posible a su esencia.”

Este ejercicio lo puedes hacer el número de veces que desees durante el día, mientras estás haciendo otras cosas rutinarias, mientras te bañas, mientras lavas los platos, cada vez que te venga la persona amada a tu mente, mándale luz, es la mejor protección y la mejor ayuda que, en estos momentos, puedes brindar y ofrecerle.

En esta etapa se hace necesario tener un ritual. El ritual cumple el propósito de traer a lo concreto lo increíble, proporciona un medio aceptable para expresar el dolor y estar acompañado en él. El servicio que se le proporciona a la persona fallecida permite también reunir a las personas cuyas vidas estuvieron tocadas por ella. Sin embrago, en los acontecimientos vividos no todos pudieron contar con un ritual que les proporcionara concreción por ello, si no se elige hacerlo aun sin el cuerpo presente, es recomendable hacerlo simbólicamente. Pueden agruparse con otros seres queridos y sembrar una mata, un árbol como recuerdo y hacer una ceremonia de despedida junto al árbol, puede ser algo personalizado, que refleje las características y los valores de la persona fallecida. Pueden obtener cenizas y cargarlas de energía simbolizando a la persona que partió para sembrarlas o tirarlas al mar pero sí es necesario buscar algo concreto que permita ayudar a cerrar el ciclo de lo etéreo, lo intangible.

Otro ingrediente necesario en esta etapa es hablar sobre lo acontecido. Mientras más se hable más alivio se sentirá. Este paso es muy importante porque el hablar es la ayuda que nos permite interpretar los distintos aspectos de la herida, de la ausencia, por ello es necesario que se haga con una persona que sepa escuchar que no diga “tienes que superarlo, basta de llorar!”. La persona que tiene capacidad de poderte oír es la persona que:

  • No enjuicia lo que ha pasado.
  • No activa más dolor del que ya tienes.
  • Puede permitir cualquier ataque de rabia, temor, ansiedad, desesperación que puedas manifestar.
  • Permite que estés presente en tus debilidades, no te dice que no hables más del tema.
  • No te empuja a que te concentres en el mañana y olvides lo que pasó pues el proceso de duelo es un  proceso individual que cada quien debe de vivir a su propio ritmo

 Si no encuentras dentro de tus amistades personas que reúnan estas características, busca a un terapeuta, sacerdote, rabino que pueda oírte. El hablar sobre la tragedia personal, sobre lo que este acontecimiento ha significado en tu vida es una forma de expresar que realmente ocurrió, paso imprescindible para poder sanar.

El revisar tus pensamientos, articular los temores, hablar sobre las actitudes y relación que tenías con tu pareja son pasos importantes en el proceso de sanar el dolor. No es recomendable reprimir porque aquello que reprimimos es lo que persiste. Busca grupos de apoyo con otras personas que están en tu misma posición. Llama a la compañía donde trabajaba tu pareja, reúnete con otros sobrevivientes o familiares de sobrevivientes que pueden saber lo que tú estás sintiendo y activa grupos de apoyo pues esto te permitirá ubicar que lo que estás sintiendo es normal y que no estás sola u solo en lo que sientes.

La tercera etapa en este proceso es la Rabia, Desorganización y Desesperación. En esta etapa se siente que la vida no nos pertenece, las creencias de cómo las cosas han debido de ser han cambiado. La impermanencia te confrontó, el cambio se hizo presente. Se siente rabia porque le rabia es una emoción que se basa en una exigencia que no fue validada (que mi pareja estuviese conmigo) y se busca culpar o sentirse culpable. Se basa en la impotencia de no haber podido a tiempo cambiar las cosas y en la injusticia perpetuada por otras creencias. Hay un sentido de abandono fatal. De ahí que en esta etapa puede sentirse rabia:

  • Rabia a Dios, por permitir que algo tan monstruoso pasara. “Si Dios es amoroso por qué permitió que esto sucediera?”
  • Rabia a la injusticia del mundo  “¿Dónde está  toda la moralidad que me enseñaron que existía? ¿Por qué sucedió esta injusticia?” Mientras se trata en vano de encontrar respuestas racionales, concretas a las condiciones del evento, la angustia, la amargura, la decepción, la irracionalidad se convierten en parte de nuestro sentir.
  • Rabia a los demás, que sobrevivieron. Sus vidas no están devastadas como la tuya y hay una tendencia a buscar castigo, venganza y en este caso a agrupar toda la rabia contra el causante de semejante atrocidad. En esta etapa se requiere que los demás reconozcan el dolor, validen lo que estás pasando y te lo hagan saber, no pretender que la vida sigue igual porque para ti las cosas nunca serán las mismas.
  • Rabia a sí mismo: Estudios demuestran que los hombres tienden a manejar la rabia hacia fuera mientras las mujeres hacia adentro, encuentran más razones para auto castigarse o auto exigirse produciendo esto a largo plazo un terreno abonado para enfermedades.
  • Rabia contra la persona fallecida. Muchas veces sienten que han sido abandonados, que han sido víctimas de la situación, detrás de la rabia se activa un gran temor a manejar solo o sola la realidad del mundo. Ejemplo de una viuda:

¨Ahora, me dejó con todo esto que arreglar porque no habíamos tomado las precauciones, de seguros, pagos mensuales, hipotecas”.

En esta etapa se manifiestan la culpa y el temor a la vulnerabilidad. Se busca culpar como forma de poner distancia con el agresor, es una forma de identificar en forma concreta, de poner la atención afuera para poder empezar a buscar soluciones. Aquí la persona requiere filtrar, sopesar y concentrarse en los hechos. En esta etapa se hace difícil confiar por temor a contactar una mayor pérdida. Los pensamientos que se te pueden disparar en esta fase son: “Nada de lo que haga va a mejorar mi vida” “Nada de lo que haga va a hacer que mi pareja regrese”. “Nunca voy a superarlo”. “Estoy furiosa/o  con…”

Cuando se es sobreviviente de una tragedia comienzan a aflorar los pensamientos de que los demás también se pueden morir inesperadamente. Te puedes sentir vulnerable a su recurrencia y esta realización puede influenciar tus actividades. Puede determinar las actividades en que participas, modificar el estilo de relacionarte con tus otros seres queridos. Te sugiero que trates de atajar tu inclinación de hacerlo y escribas tus sentimientos para poder drenarlos. No importa cómo fluyan, déjate guiar por tus pálpitos e instintos.

La rabia hay que sentirla mas no actuarla pues al hacerlo ensayas más de lo mismo hasta que te vuelves a llenar de la  misma emoción. Cuando comience tu pensamiento de impotencia, respíralo, presta atención a lo que estás sintiendo para que puedas contrarrestar el impulso de responder muy rápido. Observa que tu rabia se te disparó cuando tus convicciones fueron amenazadas, la convicción de seguridad, de permanencia, de continuidad. Con la respiración menciónale en voz alta al cerebro la emoción que estás sintiendo es una forma de identificar y apaciguar la emoción. Cuando sientas el impulso de reaccionar trata de hablar lo más calmadamente, no te apresures a dar conclusiones, no magnifiques, mantente dentro del marco de los hechos aunque dolorosos te sean. Esto te dará, una forma de apaciguar mas no de esconder lo que estás sintiendo. El objeto es que sientas tus emociones para sanar pero sin llevarte a medio mundo por delante, sin crearte nuevos problemas.

La última etapa es la Reorganización e Integración. Esta etapa, en este momento te parece remota y hasta imposible pero llega, aun a largo plazo.

En esta fase se acepta la tristeza, los hechos acontecidos, se integra la pérdida por lo que es. Los pensamientos más frecuentes en esta etapa son “No soy inmune a los problemas de la vida” “La vida tiene altos y bajos, tiene pérdidas”. “La vida es un constante cambio”. La vida se redefine. Las habilidades y talentos se potencializan hacia diferentes metas. La sugerencia más inmediata es comenzar por el físico pues en las etapas anteriores puedes haberte sentido como un zombi, en piloto automático, donde el cuidar de tu cuerpo, comer, equilibrarlo no era una prioridad ya que te sentías deprimida o deprimido y más bien lo que deseabas era irte con tu pareja y no enfrentar el vacío, la soledad y el temor que dejaba su ausencia.

Te sugiero que escribas una carta de despedida a tu pareja, resaltando su personalidad, sus hábitos, sus preferencias, sus gestos, su inteligencia, cuando manifestaba su sentido del humor, le des las gracias por lo que compartieron, por lo que la relación te dio, por lo que ambos se influenciaron, al igual que te des el permiso de expresar todos tus sentimientos.

La pérdida de una pareja es un dolor muy profundo, pues es alguien con quien uno ha elegido voluntariamente caminar parte de la vida. Se puede sentir que se ha perdido al mejor amigo, a una parte de la propia vida o en ciertos casos como cuando se manifiesta abuso, hasta llegar a sentir alivio. Pero lo que sí es cierto, es que por la razón que fuese, la experiencia de perder una pareja abrupta e inesperadamente nos confronta con que no hay nada seguro, de que el cambio es la única constante, de que lo único certero es el “ahora” y que debemos de estar presentes en la acción de nuestros pensamientos, nuestras emociones, en no dejar para mañana lo que podemos expresar hoy. Debemos de darnos el permiso de sentir amor y expresarlo lo más frecuentemente posible, dejar a un lado las nimiedades y concentrarnos en lo que verdaderamente importante que es el ayudarnos, sostenernos a través del amor del uno con el otro.

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