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¿Por qué nos relacionamos?

¿Por qué nos relacionamos?

Maria Dolores Paoli

 

La vida está basada en la capacidad de relacionarnos.

Estamos habituados en aplicar el término “relación” a la interacción entre dos personas  o más pero el relacionarse es parte inherente de la vida.

Todas las manifestaciones de vida se relacionan de alguna forma para poder expresarse. Dentro de la evolución, la forma más pasiva es la del mineral, pero aún así se deja percibir, utilizar, admirar. Le sigue el animal que es una forma más dinámica pues interactúa con otros animales, con la naturaleza, con los seres humanos. Luego, está el ser humano donde se manifiestan diferentes formas de relacionarse pero que requiere de la interacción para subsistir. Si el ser humano no se relaciona muere, por ejemplo: Un bebé si no se relaciona con la madre o con otra figura adulta protectora no subsiste. Por ello, manteniendo el recuerdo de la necesidad de sobrevivencia, muchas personas eligen perpetuar una relación destructiva, antes de no relacionarse, pues en el momento que se relacionan viven. La calidad de la relación va a depender de la actitud con que se aborde.

Las relaciones humanas interpersonales representan el gran reto para el individuo y sólo a través del Amor podemos relacionarnos plenamente, fusionar nuestras conciencias individuales y contactar la unidad. La verdadera razón para relacionarnos es poder regresar a la unidad de donde se parte, habiendo asimilado las vivencias, re descubriendo en el otro la condición divina. Par ello, requerimos relacionarnos. Es a través del contacto, del placer, del gozo como nos integramos a la unidad, pero la mente y las emociones no clarificadas, ni canalizadas, nublan el camino para hacerlo. El encontrar la capacidad de hacerlo, de amar, nace de la voluntad y disponibilidad que tengamos.

En el relacionarse con los demás los conflictos no resueltos de la mente se activan, por ello, muchas personas creen que si no se relacionan sentimentalmente no tendrán problemas mayores debido a que consideran que el roce de la incomodidad sólo se presenta en la presencia de otra persona cuando en realidad, las relaciones son un termómetro de nuestro estado interno. Por ello, la fricción de la interacción es el activador del auto conocimiento porque primero el conflicto tiene que estar adentro para que se pueda manifestar afuera a través de otra persona.  El evadir relacionarse sentimentalmente y sacrificar la plenitud del contacto perpetúa los problemas internos pues no son puestos en evidencia. En la medida que no estemos dispuestos a solventar los conflictos emocionales que traemos de nuestra historia familiar no se pueden tener relaciones significativas, duraderas, nutritivas.

La mayoría de las personas sólo se relacionan a través del intercambio de ideas, de placer sexual pero esa atracción no garantiza una comunicación profunda ni una relación duradera. Pueden ser distraídas y placenteras pero tarde o temprano entrarán en conflicto pues el verdadero Ser no se ha revelado por temor a ser expuesto, a mostrar los conflictos y ser rechazado.

El verdadero ingrediente para tener una relación significativa es ser genuino, abierto. Es bajar las defensas, permitirse involucrarse, envolverse en el sentir. Para ello, hay que darse permiso de conocerse a sí mismo porque ¿cómo se puede comunicar a los demás  lo que no nos atrevemos a comunicar a nosotros mismos?

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