Relaciones de Amor

Relaciones de Amor

Maria Dolores Paoli

 

La base de entender cómo opera la energía del amor subyace en nosotros mismos.

La calidad de relación entre nosotros y nuestro Ser es lo que determinará la relación de amor que tengamos en las distintas experiencias de vida. Esta interacción es la que va a marcar la pauta de la relación, la calidad, intensidad, profundidad, el modelo de dar y recibir entre ellos en una relación. Para contactar el amor, primero tenemos que encontrarlo en nosotros mismos, validarlo, honrarlo como algo muy preciado y amoroso, para poder atraer a  nuestras vidas algo igualmente preciado.

Para ello, hay que preguntarse ¿qué deseamos de la otra persona? Imaginemos cómo desearíamos que esa persona nos tratara, cómo nos sentiríamos alrededor de esa persona y cómo desearíamos idealmente relacionarnos. Observa si esas características que deseas como pueden ser – atención, amabilidad, consideración, respeto, honestidad, aceptación incondicionalidad, validación, libertad de expresión -¿te las das a ti mismo primero? Por ejemplo: ¿Cuánto tiempo al día te das para estar contigo mismo? ¿Te tomas el tiempo para disfrutar de una taza de café o té, de su aroma, de su sabor o te lo tomas rapidito porque tienes que hacer otras cosas?

Muchas personas más bien serían muy críticas de su persona, no acusarían recibo de sus necesidades, antepondrían las necesidades de los demás ante la de ellos mismos, tomarían por tácitos los atributos y cualidades que tienen y dedicarían poco tiempo a ellos mismos porque estarían ocupados en “hacer” por los demás. Por ejemplo: Si la pareja nos solicita un favor a pesar de que venimos cansados del trabajo, lo hacemos, anteponemos sus necesidades sin explorar si hay una posibilidad de negociación sobre la solicitud.

Para atraer amor de otra persona hay que dárselo uno primero. Si lo mantenemos oculto, nublado, vamos a atraer a nuestras vidas, otra persona que tenga nuestras mismas carencias y necesidades para que nos haga de caricatura de lo que no hemos aun podido observar de nosotros mismos y la habilidad de atraer el verdadero amor va a estar eclipsada por la inhabilidad de darnos a nosotros mismos lo que deseamos que nos den los demás. La energía afín se atrae mutuamente. El amor atrae amor, la carencia atrae carencia. Por ejemplo: Si sólo nos concentramos en lo que carecemos en la vida, lo que nos falta y no en lo que hemos logrado u obtenido vamos a atraer a nuestras vidas a alguien que proteste, refunfuñe y exija perfección, a alguien que focalice su atención en el lado incompleto. Sólo si nos iluminamos del amor hacia nosotros mismos podremos abrirnos a la experiencia de contactar el verdadero amor en otra persona.

Amarse a sí mismo requiere concientizar el valor que está dentro de uno, contactar conscientemente la valentía de haber elegido una experiencia humana siendo esencia divina para adquirir vivencias. Es auto validarse por lo que somos no por lo que tenemos, es acusar recibo por cada aspecto de sí mismo, desde el cuidarse físicamente como emocional y mentalmente. Por ejemplo: Es cuidar nuestro cuerpo y alimentarlo adecuadamente. Es semejante a la gasolina que le ponemos al carro, el buen funcionamiento del carro va a depender del cuido, atención que le demos. Emocionalmente, es validar con nosotros y con los demás, lo que sentimos y expresarlo claramente, asertivamente, sin atropello a la otra persona, no callarlo por temor a lo que el otro pueda reaccionar. Mentalmente es acusar recibo de nuestros pensamientos que activan nuestras necesidades así como nuestras metas y logros. Es estar presente para nosotros mismos primero antes de estarlo para los demás.

En nuestra cultura occidental, apoyada en el judeo cristianismo, pensamos que actuar primero hacia nosotros es egoísmo, pero si vemos a nuestro alrededor ¿cuántas de las relaciones que observamos son fluidas, armónicas o están sostenidas por apariencia, necesidades emocionales, conveniencia o por sacrificio? El valor en la vida no radica en el sacrificio, pues éste es una elección de una determinada experiencia desde la contracción no desde el amor. Sólo en caso de sobrevivencia, cuando un menor depende de un adulto, es que el sacrificio cobra luz.

El practicar el amor a sí mismo es la constancia que requerimos para primero comprender, aceptar nuestras habilidades, capacidades, así como nuestras debilidades porque sólo de esa forma podemos cursar el siguiente nivel ya que no podemos dar lo que no tenemos o no concientizamos. Cuando hemos acusado recibo de nuestras propias necesidades y las hemos satisfecho o encauzado es que podemos extender nuestra atención y consideración a los otros en forma satisfactoria.

Si la meta es lograr un amor satisfactorio, nutritivo, cooperador para caminar junto a otra persona el sendero de la vida, primero hay que aprender a dar el paso de amarse a sí mismo.

Existe el mito de que hay alguien allá afuera que va a venir y nos va a hacer sentir completos. Es el mito del Príncipe o Princesa Valiente que nos va a salvar o rescatar de nuestras propias necesidades y desde ese momento viviremos felices para siempre! Este mito se fundamenta en la carencia y bien poco puede proporcionar un estado de plenitud cuando parte de un principio de insuficiencia, cuando se basa en una escasez. Este sentido de necesidad que nos lleva a buscar amor es el mismo que impide que este florezca pues el amor se deja atraer por aquellos que lo desean pero se escabulle de aquellos que lo necesitan. El desear subyace en el principio de suficiencia, el necesitar se basa en el principio de dependencia. La necesidad lleva a completar, el deseo lleva a complementar. La necesidad lleva a consumir, el deseo lleva a explorar. Desde la necesidad nunca hay suficiente, siempre se requiere de más porque el amor que se recibe de otra persona nunca puede ser remplazado por el amor que se gesta dentro de sí y el que uno mismo se da. Por ejemplo: La mujer que va teniendo hijos de distintas parejas porque su necesidad de tener una familia como forma de buscar protección, de no quedarse sola, es superior al deseo de superación de su carencia de madre o padre

Para comenzar a amarse a sí mismo hay que estar presente en cómo nos percibimos y tratamos porque esa va a ser la medida a  través de la cual los demás nos traten. Es la guiatura que le ofrecemos. Pregúntate cómo te nutres cotidianamente física, emocional y mentalmente. Por ejemplo:¿Comes muchas chucherías o comes frutas, tomas suficiente agua o tomas refrescos? ¿Te tratas con consideración o te exiges hasta que estás agotada y no puedes más? ¿Tus pensamientos son de merecimiento o de exigencia? ¿Cómo crees que debiera ser tu vida, tus deseos concuerdan con lo que estás viviendo?

Si crees que no puedes vivir un amor satisfactorio atraerás parejas que no te aprecien sino que te abusen. Si no te aprecias como una persona valiosa, te tratan por consiguiente. Si eres escaso o pichirre con tu tiempo, atención para ti, atraerás una persona poco generosa. Si no te cuidas físicamente, la pareja no verá tu cuerpo como algo a reverenciar. Si te juzgas fuertemente serás criticado de la misma manera que lo haces contigo misma. Si no te perdonas tus debilidades, las asumes y tomas responsabilidad por ellas para dirigirlas, la pareja exigirá perfección.

Sólo si honras tu sentir, pensar y actuar, la pareja respetará las señales que está recibiendo y te las retornará! Date el permiso de amarte a ti mismo!

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