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Terapia de Contención para el Niño Tirano

Terapia de Contención para el Niño Tirano.

Dra. Laura Rincón Gallardo.

Recordemos que el niño tirano tiene un trastorno de vinculación subyacente. Frecuentemente, un difícil comienzo de la vida hace que la mamá ceda demasiado, sin darse cuenta que el bebé la controla, incluso pidiéndole el pecho cada vez que quiera, aunque no tenga hambre, o cuando el niño nace con cierta discapacidad y la mamá siente lástima, cuando la inseguridad es muy grande, como en el caso de madres “añosas”.

En las sesiones de contención, que generalmente son largas y tediosas, o largas y explosivas, el niño pasa por una etapa de síndrome de abstinencia, por el hecho de que se resiste al “cambio de mando”, del gobierno. Este pasa a manos de la mamá que debe sentirse preparada y fuerte para luchar hasta el final por dicho poder, que realmente le debió haber pertenecido desde siempre. Es precisamente sobre ese poder, que el niño tiene puesta su seguridad por no haber sentido a la mamá (o papá) lo bastante fuertes y seguros.

Este “cambio de mando” le duele profundamente y es interesante observar cómo, cuando la mamá le habla con seguridad y autoridad, el niño más se enoja y se rebela a hacer lo que la mamá le dice –él quiere decidir la postura, la mirada, etc… escapándose con estrategias como: cerrar los ojos, diciendo que le duele todo lo posible, cabeza, pancita, etc., tiene sed (pero al ofrecerle agua dice que no) quiere vomitar, ir al baño, etc.

Puede oscilar entre una agresión desmedida hacia la mamá o un “declararse en bancarrota” mostrándose pasivo, víctima o con voz y gemidos que corresponden a un niño más pequeño.

El niño tirano posee “una pseudo fuerza” que no es fortalecedora para su identidad del yo, pues está sustentada sobre el ejercicio de su poder con el que intenta controlar no sólo a la mamá sino a su entorno. Es precisamente a esto a lo que tiene que renunciar en la sesión de contención y por lo tanto se resiste hasta el final, pues le cuesta trabajo creer que su mamá es lo suficientemente fuerte para poder apoyarlo y sostenerlo en la vida.

Ella se lo demuestra precisamente en la medida que lo enoja, diciéndole por ejemplo, ¿sientes como soy una mamá fuerte? ¿te das cuenta que tienes a la mamá más fuerte del mundo? Yo soy la que dice cómo –Yo soy la grande- Y la que sabe qué es lo mejor para ti –No te voy a soltar, y no te vas a dormir- vamos a seguir trabajando hasta que puedas sentir mi amor y yo el tuyo.

Estas sesiones pueden llegar a durar hasta tres horas, donde la mayoría del tiempo es utilizado para la expresión del coraje.

La sensación de las madres es como de “domar un potro salvaje”, el niño se ve que da lástima mientras dura “la doma”, sin embargo, una vez que logró ceder ante la entrega del poder y se puede relajar en los brazos de su mamá y sentir el amor, su cara cambia y sale de la mano de su mamá como si fuera el hermano pequeño del niño Dios.

Terapeuta: La Terapia de Contención debe hacer acopio de una dosis mayor de paciencia y tolerancia y no olvidar que se tiene que aliar tanto con la madre como con el hijo.

Acompañará a la madre recordándole que conecte con su fuerza, misma que tiene desde que hizo su Terapia de Contención, para la reconciliación con su madre viva o muerta.

La terapeuta confiará en que la madre tiene los recursos (pues está bien preparada) para llevar a su hijo a la fase del amor, no olvidando que ella se queda al margen y no es la figura central.

Recordará que la madre necesita su tiempo para aprender y su espacio para cometer algunos errores, hasta que se sienta llena de seguridad y fuerza.

La sesión llegará a su fin en algún momento y el cansancio de la madre, niño y terapeuta se verán premiados por el amor y la alegría que inundan.

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