niños jugando

El Juego es el trabajo de la niñez

Regresemos a jugar con nuestros hijos!.

Jugar es la actividad más importante durante la infancia. Cuando los niños juegan, aprenden a experimentar las posibilidades y parámetros de la vida. El juego creativo despierta y nutre el poder de la imaginación. Sin embargo, aunque el juego es una actividad natural del niño también necesita ser guiada y estimulada por un adulto, nutrirla con ideas fértiles con las cuales los niños pueden seguir elaborando y descubriendo.

Para los niños pequeños, el mundo imaginario puede ser más real que el mundo actual. Una simple pieza de madera puede transformarse en un caballo que vuela y esto es debido a que el ser humano experimenta el mundo en forma narrativa. El niño es el centro de la historia, juega, recrea y ordena el mundo en la forma familiar de la narración con principio, secuencia de eventos, consecuencias y fin. Por ello, psicológicamente se dice que el “lenguaje es la condición previa para el desarrollo cognitivo y ambos están basados en la estructura narrativa”. (Vygotsky)

Ordenamos el mundo contando historias, tanto para sí como para los demás. Un cuento dicho desde el corazón es muy significativo por el simple hecho que el niño “oye” más que el contenido de la historia, pues percibe la individualidad, la energía del que está contando el cuento.

Las habilidades mentales que aprendemos a través de contar cuentos y de jugar son la base del pensamiento creativo, de la resolución de problemas en el futuro y de la habilidad de discernir conceptos complejos. El juego, por su propia naturaleza requiere un proceso de experimentación y descubrimiento, pues comienza a partir de una situación, pero puede llevar a lo desconocido. Esto es lo que estimula la imaginación y la individualidad.

Muchos niños, hoy en día, se enfrentan a juguetes que dejan muy poco o nada a la estimulación de la imaginación, pues sólo se requiere apretar un botón para que lo haga todo. No es de extrañar que el niño rápidamente se aburra, se vuelva destructivo y más temprano que tarde requiera de atención!.

El juego es algo que involucra a todo el ser humano, a la persona completamente, especialmente en los niños, pues cada pensamiento y emoción está acompañado de sus movimientos. El verdadero juego es trabajo en serio y después de un día de juegos intensivos, los niños quedan saludablemente cansados para irse a la cama. Sin embargo, hoy día se manifiesta mucha hiperactividad, falta de concentración e insomnios en los niños. ¿Podría ser que hubiese una relación entre la falta de juegos saludables y las conductas hiperactivas? Es realmente una tragedia moderna que los niños hayan perdido la habilidad de jugar y le hayamos permitido sustituir el juego creativo, interactivo por la actividad pasiva de la televisión donde el movimiento de los ojos no pueden sincronizarse con la rapidez de la imagen electrónica!.

(Tomado del libro “La Educación Waldorf” de Christopher Clauder y Martín Rawson.!

Educar-Aprender

EDUCAR-APRENDER

Hablamos  sobre  las  necesidades  de  los  niños  desde  el  punto de  vista  adulto.  Decidimos que tienen que aprender a comportarse, a respetar a los mayores, a obedecer, y asociamos el aprender con el conocimiento, y los exponemos a lecciones y actividades ayudándolos a memorizar información, cuando el aprender es justo todo lo contrario.

Para  aprender  se  necesitan  los  ingredientes  de  apertura,  espacio,  capacidad  de  asombro, admiración, territorio inexplorado, vulnerabilidad.

El hombre nace como una semilla, con una potencialidad de ser: hombre animal, o llegar a  convertirse  en  hombre-hombre  o  desarrollarse  como  hombre  Dios,  por  ello  el  hombre nace imperfecto como expresión y de ahí se hace posible su crecimiento, su aprendizaje. La Educación hace posible el puente entre la potencialidad de su semilla y la realidad.

Pero  la  educación  actual  impartida  a  nuestros  hijos  está  basada  en  un  condicionamiento para buscar un oficio para que pueda subsistir. No lo preparamos para la vida, no le enseñamos  a  cómo  amar,  o  a  celebrar  la  vida.  La  vida  no  debe ser  una  competencia  de sobrevivencia del más fuerte o del más habilidoso, sino una celebración de la experiencia que la vida nos aporta.

Por  ello,  educar  viene  de educare  que  significa  conducir  hacia  la  luz,  es  sacar  algo  del interior, actualizar el potencial interno como cuando se saca agua de un pozo, pero en vez de sacar lo  oculto,  la  sabiduría  que  está  en  uno, nuestra  educación  se  basa  en meterinformación,  memorizar,  verter  conocimiento  para  repetirlo  como  las  computadoras cuando se les solicita determinado programa.

Para esta confrontación educativa ,  la Naturaleza  en  su perfecto orden divino, nos trae a los  Niños  Índigo  que  no  aprenden  por  reglas,  ni  por  memorización  ,  ni  aceptan  ser mandados,  que  son  muy  inteligentes  y  no  acatan  ser  robots,  exigiendo  el  respeto  a  su individualidad. Para ellos, la verdadera educación es enseñarles a activar su conciencia, a que  no  tengan  temor,  a  cultivar  y  honrar  su  inteligencia  no  permitiendo  convertirse  en autómatas, estimulando su excelencia en todo lo que hacen sin competir.

Para realizar esta magna  labor necesitamos, nosotros, los adultos, revisar primero, desde qué espacio estamos operando en la vida: operamos con la imposición y obediencia o con la elección, actuamos con el temor o con el amor?.

Niños ser felices

Dejemos a los Niños ser alegres

Los adultos esperan que los niños se comporten como ellos: reprimidos y limitados en su potencial. No los dejamos bailar, cantar, gritar, saltar todas las veces que sienten ganas de ello. Les ponemos límites y razones triviales para que no lo hagan:
“ Te vas a ensuciar, vas a romper las cosas, vas a molestar, vas a hacer mucho ruido”, anteponiendo nuestra comodidad por encima de una de las cualidades más importantes de los niños, necesaria de preservar: la alegría.
Les exigimos obediencia cuando nosotros lo consideramos necesario y las veces que así lo decidamos, sin darle elección de antemano dentro de un marco de referencia, vamos desconectando al niño de su verdadera naturaleza alimentando a un futuro adulto malhumorado en vez de preguntarle:¿Qué te dice tu corazón que debes hacer? Si lo hacemos sensible al lenguaje de su corazón estaremos sembrando el respeto a su intuición, a su lenguaje del alma. Si validamos su sentir desde temprana edad, su contacto con la intuición será claro y diáfano, sin duda y decidirá sabia y acertadamente desde pequeño.
El niño necesita experimentar, expandirse, jugar, reírse, saltar, brincar para no sólo desarrollarse físicamente sino emocionalmente. Pero el niño interno del adulto reprimido no le da libertad al hijo o hija, no le permite reírse de corazón, inhibiéndole de disfrutarde las cosas pequeñas de la vida, y con esa conducta aprendida, poco a poco el disfrute de la vida se va encogiendo, tornándose en un adulto serio, destruyendo su sentido del humor y termina cargando su propio niño interno escondido dentro de él!
Permitamos que nuestros niños se rían más, jueguen, canten, bailen más y aun en las situaciones de crisis, enseñémosles a ver lo positivo detrás del obstáculo y salir de él através de creatividad, la risa, la alegría de estar vivos para elegir un mejor escenario de vida.